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1 Samuel 16:15-18.
Aprendiendo de Dios.
Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta. Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio. Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien, y traédmelo. Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él.
Como hemos mencionado, el 80 % de los atributos mencionados a David en este pasaje están relacionados con la actitud.
Una de las conclusiones de esta serie de estudios es que nuestra actitud frente a la vida va a influir en nuestros resultados más que cualquier otra cosa.
Saber cómo cuidar ovejas está bien; saber a qué parte del río llevarlas para que tomen agua, está bien; saber dónde se encuentran los mejores pastos para llevarlas a comer, todo ese conocimiento está bien y hay que utilizarlo. Pero ese gran conocimiento no sirve para nada si no tenemos un corazón para Dios.
Si queremos impulsar nuestros talentos y habilidades, todo surge cuando rendimos nuestro corazón delante de Dios. Conocimientos y habilidades, sin tener la actitud correcta, no sirven para nada a la larga.
¿Cómo terminó la historia bíblica de los diez espías que pensaban que la tierra que Dios les había prometido era imposible de conquistar? No pudieron entrar a la tierra prometida (Nm. 14:26-30). Ellos ni siquiera pudieron imaginarse entrando a la tierra prometida. ¿Cómo podría Dios darte algo que tú crees que es imposible? Hebreos 11:6: sin fe...
Otra cosa que aprendemos del pasaje de los espías es que ellos contagiaron a todos sus hermanos con su perspectiva terrenal de fracaso. Ellos proclamaron que iban a fracasar y convencieron a sus hermanos de que eso iba a suceder, y sus hermanos terminaron llorando esa noche (Números 14:1). Concluimos: Nuestra actitud, cualquiera que sea la que tengamos, es contagiosa.
Si tengo una mala actitud, mi mente se cierra y eso me impide pensar claramente. Usted eso lo ha visto en el trabajo y en la escuela. ¿Ha visto gente con mala actitud aportando ideas para resolver problemas? Claro que no.
Nuestra actitud no debe ser afectada por nuestras circunstancias. Pablo, en la cárcel, nos dice en la carta de: Filipenses 4:10-13
"No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."
En resumen, la actitud de Pablo frente a la adversidad es: He aprendido cosas muy buenas en el pasado y sé que en el futuro voy a seguir aprendiendo otras cosas muy buenas de parte de Dios. He aprendido está relacionado con el cambio de mentalidad de Romanos 12:2.
¿Quién le enseñó todo esto? Dios.
He aprendido quiere decir que me tomó tiempo descubrir esa verdad.
He aprendido quiere decir que tengo la actitud correcta para aprender de Dios y no ser un sabio en mi propia opinión. La peor actitud es tener la idea de que nos las sabemos todas, y no es así. Si no podemos ser enseñados por la gente que estamos viendo a cada rato, ¿Cómo me vas a decir que vas a ser enseñado por Dios, a quien no estás viendo?
¿Te ha sucedido que una persona está tratando de mostrarte algo en el paisaje que para ella es claro y tú no lo puedes captar? ¿Por qué no lo podemos captar? ¿Nos falta enfoque? ¿Nos faltan los lentes correctos? ¿Somos daltónicos? Para poder verlas tendríamos que verlas a través de los ojos de la otra persona. Si no vemos las cosas a través de los lentes de Dios, no vamos a poder captar la vida.
Dios había transformado la manera en que Pablo comenzaba a ver la vida en la cárcel. Pablo comenzó a ver la vida a través de los lentes de Dios. Donde antes había dudas, ahora tenía claridad de propósito.
El proceso de enseñanza-aprendizaje solo se completa cuando aplicamos lo aprendido.
Lucas 10:36-37: "...ve, y haz tú lo mismo." Y podríamos ser unos teóricos de la fe, llenos de versículos y conocimiento, pero sin una aplicación en la vida real. Conocemos el versículo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece", pero ese versículo nunca lo hemos experimentado.
Pablo está experimentando el gozo de Dios en la cárcel. Mire, las palabras cárcel y gozo no van de la mano. Nadie dice: "¡Qué bueno, me metieron en la cárcel; acá me van a suceder cosas muy buenas!" Pablo pudo haber pensado cuando cayó en la cárcel: "Bueno, Señor, ya no puedo hacer más nada. Acá se acaban mis posibilidades. Punto final."
Seguramente has experimentado esa actitud de: "Ya no se puede hacer más nada." Mire, asegúrese de que en verdad no se puede hacer más nada. ¿Ha visto una persona con mala actitud que dijo que no se podía hacer más nada, y luego vino otra persona e hizo algo?
Tenemos que decirles adiós a las quejas. Mire, a Dios no le gustan los quejosos; eso lo podemos ver en Filipenses 2:14. Debemos cambiar la mentalidad de "me está yendo mal" por una nueva mentalidad: "Dios quiere enseñarme algo. Dios va a hacer algo grande acá."
Cuando nos enfocamos en nuestras circunstancias, tenemos días buenos y días malos, y quedamos a merced de lo que nos sucede. Pero cuando nos rendimos delante de Dios, siempre habrá algo bueno que aprender, porque fiel es el que prometió.
Finalmente, podemos confiar en esta palabra:
"Este es el día que hizo el Señor."
Si lo hizo el Señor, ¿Cómo cree que va a ser el día de hoy?
