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2 Corintios 5.17. Nueva criatura, nuevos comportamientos

Renovación de la mentePor Héctor Cruz4, Mar 2026
2 Corintios 5.17.  Nueva criatura, nuevos comportamientos

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Nueva criatura, nuevos comportamientos.

2 Corintios 5:17

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

Efesios 2:8–10 dice: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Queda claro: el nuevo nacimiento no tiene que ver con lo que pueda hacer hombre alguno.

Y en Juan 1:12–13 dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” .

2 Corintios 3:18: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”

Conclusión: Somos hechos y transformados por Dios. El Espíritu produce el nuevo nacimiento, y es ese Espíritu el que produce la transformación. Así que nadie se puede jactar en la presencia de Dios. Dios lo hace todo.

En Romanos 8:8–9, la Biblia establece que el inconverso no puede agradar a Dios.

¿Cómo podríamos agradar a Dios si no tenemos el Espíritu Santo? Y nos dice Romanos 8:9 que si el Espíritu Santo está en nosotros, no vamos a vivir en la carne.

Una cosa es pecar, y otra cosa es vivir pecando sin darse cuenta; así opera el incrédulo. Y dice: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”

Para agradar a Dios se tiene que nacer de nuevo. Cristo le dijo a Nicodemo: “El que no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios.” Y dice: “Lo que es nacido de la carne, carne es…” Esa naturaleza pecaminosa no puede mejorar por medio de estrategias humanas.

Cristo dijo en Juan 3:8: “El viento sopla…”, refiriéndose al Espíritu. ¿Usted ha visto un tornado?. ¿Qué sucedería si le sacamos todos los escombros y todo lo que hace que lo veamos? ¿Vería algo a un kilómetro o a diez centímetros? Claro que no, no puede ver el viento? Pero ahí está el poderoso viento.

Una muestra de que somos pecadores y que el hombre no puede mejorar por cuenta propia es que al hombre se le da bien pecar. Es tan fácil pecar; eso se da naturalmente, orgánicamente. Pasa alguien que no te cae bien y de una vez se manifiesta tu enojo.

Pero ¿se nos da fácil amar al prójimo? ¿Es fácil para ti pensar en cómo ayudar a alguien que no seas tú mismo?. ¿Se nos da fácil ser bondadosos?. ¿Se nos da fácil ser misericordiosos?

Para que actuemos así, tiene que venir una fuerza sobrenatural: el Espíritu Santo y producir el cambio.

"Dios es el que en nosotros produce el querer como el hacer, por su buena voluntad". Si usted hoy tiene buenos sentimientos, eso es producido por Dios.

Muchos hoy en día están en la iglesia y ni saben que hay Espíritu Santo. Solo van porque es un lugar bueno para socializar, les gusta el ambiente, los hermanos son buena onda, les gustan las alabanzas.

No pudo haber nuevo nacimiento si no reconocíamos que estábamos echados a perder, que éramos unos pecadores desagradables.

Efesios 2:1–3: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” El primer paso para el cambio, ¿Cuál cree que es? Es reconocer. Reconocer que soy un gran pecador. Ahí comienza todo.

Al borracho, para avanzar en Alcohólicos Anónimos se le pide que reconozca su adicción. Tiene que reconocer: “Sí, reconozco que estoy bebiendo demasiado.” “Sí, reconozco que esto me está afectando.”

Se tiene que reconocer: “Sí, reconozco que soy pecador.” Y no solo reconocer, sino aceptar que no puedo cambiar por mí mismo y que necesito intervención divina. Porque si crees que puedes cambiar por cuenta propia, estás en el lugar equivocado.

Ese era el único camino: reconocer que éramos unos pecadores desagradables.

El nuevo nacimiento no es una chapistería de la vieja naturaleza pecaminosa, y sobre ese desastre montar una nueva carátula más presentable.

Dios no está interesado en cambios de fachada. Para eso mejor vaya a la sección de autoayuda de la librería y llévese el libro: “Cómo ser buen padre”, y además “Cómo ser buen hijo”, y también la versión revisada de “Cómo amar al vecino en 3 pasos”. Eso no sirve.

El cambio real solo lo puede producir el Espíritu Santo.

No podemos intentar vivir la nueva vida con la mentalidad que traíamos del mundo. Por ejemplo, se trae del mundo la idea de que la paz es tranquilidad, silencio, viendo el mar, lejos de todo problema. La paz de Dios no es algo que se puede inventar; es algo que Dios da.

Una cosa es sentirse feliz de acuerdo al canon de este mundo; otra cosa es el gozo que Dios da al creyente. Una cosa es el amor que aparece en 1 Corintios 13, y otra cosa es que ustedes me caigan bien. ¿A dónde quiero llegar? A la pregunta que Pablo les hace a los corintios en general en 2 Corintios 13:5. Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe....

La renovación ocurre cuando conscientemente saturamos nuestra mente con la Palabra de Dios. Si nos mantenemos escuchando la Palabra, la vida de Cristo se va a manifestar en nuestras vidas. Dice la Escritura: “De la abundancia del corazón habla la boca.” Lo que abunda en la mente se va a manifestar de forma automática.

La única manera de cambiar nuestros comportamientos es cambiando la manera de pensar.

Filipenses 4:8: Dice; “Todo lo que es verdadero… todo lo honesto… en esto pensad.”

Nuestros comportamientos están directamente conectados a nuestros pensamientos. Eso lo sabía Salomón hace miles de años. “Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él.”

Venimos del mundo, nos convertimos y queremos seguir pensando de la misma forma.

Necesitamos pensar como Cristo piensa. Pero ¿Cómo podríamos cambiar de mentalidad si no abrimos la Biblia y no tenemos tiempo con Dios?. Aquí está la forma de salirnos de ese bucle mental repetitivo del fracaso: “En esto pensad.”

Este es el filtro mental que debemos establecer para aceptar lo que cae en nuestra mente. Y la promesa es: “Y el Dios de paz estará con vosotros.”

La evidencia de que Cristo vive en nosotros no es solo lo que creemos, sino cómo vivimos.

La pregunta final es: ¿Eres nueva criatura? Sí o no. ¿Tus actuaciones lo demuestran? Sí o no.