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2 Timoteo 2:1
Gracia en acción
Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús”.
Esta es una de las 10 veces en que Pablo anima a Timoteo a ser fuerte y perseverar en su trabajo como creyente. Es como es el pensamiento que mencionaba días atrás: la primera vez que escuchas algo, lo oyes; la segunda vez, lo reconoces; la tercera vez, lo comienzas a considerar para aplicar.
Puede ser que Timoteo se desanimara fácilmente, ¿pero qué ser humano no se desanima? ¿Cuántos se desanimaron el último mes, la última semana…? El problema es cuando vivimos desanimados.
“Esfuérzate en la gracia”. Dios pone a nuestra disposición el recurso de su fuerza (Efesios 6:10–11). Pero no nos la da simplemente para que nos quedemos de brazos cruzados sin hacer nada con ese poder. Él nos da su fuerza cuando lo buscamos activamente y confiamos en Él.
La gracia de Dios no es un concepto etéreo; es Dios ayudando a sus hijos. La gracia de Dios es la asistencia inmerecida que viene del cielo cuando nuestras fuerzas no alcanzan. Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas (Isaías 40:29).
Descansar en esa gracia significa vivir como verdaderos hijos de Dios. “Si Dios es con nosotros…” (Romanos 8:31). “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre”. Caminamos en la seguridad de saber que somos amados y vamos acompañados por Dios. “Ciertamente el bien y la misericordia…”.
¿Qué le dijo Dios a un Pablo que estaba angustiado y cansado? 2 Corintios 12:9–10:
“Y me dijo: ‘Bástate mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad’. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”.
Pablo pudo animar a Timoteo desde su propia experiencia. Cuando el creyente se apoya en la gracia, Dios es el que va a producir los frutos, y van a ser frutos apacibles de justicia, no como los frutos que producimos cuando actuamos por nuestra cuenta; eso trae frustración.
La gracia de Dios no elimina nuestro esfuerzo; más bien le da dirección. En (1 Corintios 15:10) Pablo nos dice que hizo mas que los otros....... No fue porque era más estratégico y detallado, o más organizado al 100 %, o porque era más competente, o porque tenía mejores relaciones con las personas o porque era más carismático; nos dice; no yo, sino la gracia de Dios en mí.
Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños observé que eran muy inteligentes —y aún lo son—, y yo pensaba: “A estos niños voy a tener que meterlos en una escuela de superdotados para que puedan llegar lo más lejos posible”. Pero el Señor me mostró que eso no era lo más importante, sino que esos jovencitos pudieran caminar con Dios.
Está bien ser inteligente, tener buena actitud, andar con integridad; todo eso está bien, pero cuando caminamos en la gracia de Dios, todo eso va a ser potenciado.
Seguramente Timoteo tenía muchas preguntas, como las que los jóvenes y los no tan jóvenes tienen en estos tiempos tan difíciles. Preguntas como: ¿Estoy preparado para lo que viene? ¿Me botarán del trabajo? ¿Conseguiré algún día trabajo? ¿Qué pasa si fallo y decepciono a mis padres? ¿Qué pasa si decepciono a Pablo? ¿Podré mantenerme firme en la fe cuando otros se rindan? ¿Mi pasado limitará mi futuro? ¿Qué haré cuando salga de secundaria?
Quien está criando hijos puede preguntarse: ¿Podré sacar adelante a mis hijos? ¿Tendré los recursos para hacerlo? Dice la Escritura: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falte” (Filipenses 4:19).
Jesús les dijo a sus discípulos que tenían que permanecer en Él. Busquemos el pasaje que aparece en Juan 15:4–5:
“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.
Separados de Cristo nada podemos hacer. Si no caminamos en la gracia que es en Cristo Jesús, estamos caminando en nuestras gracias, haciendo tonterías. Si permanecemos en Cristo, vamos a disponer de todo el respaldo de Dios. Si no vivimos en la gracia de Dios, vamos a vivir una vida de sinsabores.
El primer paso para caminar en la gracia es rendir nuestros planes a Dios.
