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2 Timoteo 2: 3-4. La guerra te alcanzará

Renovación de la mente•Por Héctor Cruz•28, Sep 2026
2 Timoteo 2: 3-4.   La guerra te alcanzará

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2 Timoteo 2: 3-4.

La guerra te alcanzará.

Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.

“Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.”

2 Timoteo es una carta pastoral, pero este llamado a militar no excluye a ningún creyente.

No existen diferentes niveles de creyentes con diferentes niveles de dificultad en la vida.

Dice la Biblia hasta que todos lleguemos a la estatura del varón perfecto.

Así que no es que algunos creyentes fueron llamados a vivir una vida en donde siempre van a ser como los niños exploradores y otros fueron llamados a ser soldados. Tampoco es que unos van a experimentar aflicción y otros no. La aflicción es una constante en esta vida.

“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:33

En este pasaje se nos presenta la idea que el creyente ha sido reclutado como un soldado.

Y alguien que se está enrolando para ser soldado, ¿crees que está pensando que la vida de soldado va a ser fácil? ¿Por qué crees que es difícil reclutar soldados para estos países que están en guerra hoy? La vida de fe no va a ser fácil; estamos en medio de una guerra.

El mismo Cristo experimentó problemas para reclutar nuevos seguidores según vemos en Lucas 9:57 al 62. Y si vemos en ese pasaje, Jesús había hecho un milagro que fue muy notorio al pueblo, había multiplicado los panes. Ponte en ese escenario: hay vacantes para trabajar con un hombre bueno y que multiplica los panes, y la gente aún está dando excusas porque no quieren dejar atrás sus vidas. Estos personajes no querían sacrificar nada.

Si queremos ser unos buenos soldados, vamos a tener que dejar algunas cosas atrás.

El crecimiento siempre tiene un costo; si se quiere ser un buen soldado, hay que pagar un precio. “¿Qué estoy dispuesto a dejar atrás para agradar a aquel que me tomó por soldado?”

Fuimos tomados como soldados y estamos en medio de una guerra espiritual (Efesios 6:12), pero muchos no se han dado por aludidos y viven en medio de la guerra como niños exploradores.

El buen soldado está comprometido con una buena preparación. La Biblia nos habla de prepararnos porque el día malo va a venir. Efesios 6:13. Es en el campo de batalla, cuando llegue el día malo, es donde se va a ver si realmente nos preparamos o si tomamos atajos.

Es en medio de la aflicción cuando se va a ver quién se estaba preparando y quién no; quién tenía una vida de oración y quién no. El que tiene entrenamiento de soldado tiene una expectativa de lo que puede suceder y no lo agarran de sorpresa.

1 Pedro 4:12: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese.”

Dice la Biblia que el diablo anda como un león rugiente. 1 Pedro 5:8.

El buen soldado no se enreda en los "negocios" de la vida. La palabra griega es empleketai, y está relacionada con estar envuelto en algo que no nos deja avanzar.

¿Te has puesto a pensar cuáles son esos empleketai que te mantienen estancado en la vida espiritual? Hay uno o dos empleketai grandotes que seguramente no te dejan avanzar.

Si usted se siente que está estancado en su vida, eso es porque su vida espiritual está estancada.

En el pasaje de Lucas 9:59, las personas presentaron todo tipo de excusas. Irónicamente, ¿sabes cuál es la excusa que la gente da hoy? “Estoy enredado. No tengo tiempo”.

Y en Lucas 14:16 al 20 encontramos algo parecido: todos tenían algo que hacer. Una hacienda, unos bueyes, una esposa. Hoy las excusas pueden sonar diferentes, pero muchas veces se resumen en una sola: “Estoy enredado. No tengo tiempo”.

Dios es bueno y no te ha quitado el lote, los bueyes ni a la esposa.

¿Todos los creyentes enfrentamos las mismas realidades? Todos trabajamos, tenemos hijos, nos enfermamos, tenemos esposas, tenemos padres, agarramos tranque; en fin, tenemos las mismas 24 horas. ¿Y porque otros que están enfrentando los mismos problemas que he mencionado y están sirviendo y participando?

El gran fracaso en nuestra vida es desatender un asunto de mayor importancia para atender uno de menor importancia. Cuando veo que alguien que está perdido, le digo: tú estás haciendo mucho de lo que no se necesita. Como alguien que tiene varias goteras, le llueve dentro de la casa y está sacando plata para celebraciones.

No se logra definir la prioridad o se define y no se actúa, porque se prefiere hacer lo más fácil. El problema no es solamente estar ocupados, sino que estás ocupado en lo equivocado.

Hageo 1:5-6: “Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.”

No es que no hay plata, sino que la plata se gasta en lo que no es; no es que no hay tiempo, sino que se gasta en lo que no es. No se tienen claras las prioridades.

¿Sabes cuál es la principal causa de que no estamos militando? Es que no queremos compromiso. Y si no nos comprometemos en la milicia, vamos rumbo al fracaso. “No quiero compromiso, pero quiero la bendición de Dios”. Eso es como no proveer para tu familia hoy y esperar que ellos te amen cuando estés viejito. Te van a meter en un asilo.

Para terminar, quiero decirte que abandonar la milicia es un doble error. Si abandonas, no vas a poder desenredar tu vida. Ya te dije que tu vida va rumbo al precipicio, si es que ya no te fuiste por el... Y si abandonas la milicia, la guerra te va a alcanzar y te van a despedazar.

El buen soldado de Cristo vive para agradar a su Señor

“...a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.”

Daniel estaba en Babilonia. Tenía una posición importante. Tenía muchas oportunidades por delante. Pero llegó un momento en que tuvo que decidir entre agradar al rey o agradar a Dios.

“Daniel... entró en su casa... y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.” Daniel 6:10 Daniel sabía cuál era su prioridad.