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Efesios 4:22-24. Cambio de mentalidad.
“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”
El significado de la palabra “despojaos” en el griego es dejar a un lado o echar a un lado. Yo estaba pensando en eso de echar a un lado, y la única forma de vivir la vida de fe es echándonos a un lado y dándole el espacio a Dios. Dice Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado…”.
En este pasaje el apóstol está pensando en alguien que se quita una ropa sucia y se viste con una nueva, para ilustrar la nueva forma de pensar y actuar del creyente.
En Lucas aparece un endemoniado; te imaginas cómo debía estar su ropa y su mente… Pero luego que Cristo interviene lo vemos en un escenario totalmente diferente. Dice en Lucas 8:35, que estaba sentado a los pies de Cristo, vestido y en su juicio cabal.
Lucas 8:35 “Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido y en su cabal juicio; y tuvieron miedo.” Vestido con ropas dignas y con una nueva forma de pensar.
La mayoría podemos entender la idea de quitarnos ropas sucias que comienzan como a fermentarse y ponernos vestiduras limpias. Nos convertimos y queremos seguir presentándonos con la misma ropa. Presentándonos como nos da la gana y con la actitud que nos da la gana. Eso desagrada a Dios.
En Mateo 22:11-13, en una de las parábolas, aparece un personaje que estaba vestido como le daba la gana en una boda. ¿Y qué le hicieron? Lo echaron afuera. La nueva vida en Cristo involucra despojarse de los viejos pensamientos y comportamientos que no agradan a Dios.
Estábamos habituados a hacer lo que nos daba la gana, y no eran cosas buenas. Dicen los neurocientíficos que el 50% de lo que hacemos diariamente son hábitos. Esto quiere decir que en la mitad de nuestro día andamos en automático, y hacíamos muchas cosas malas sin ningún tipo de remordimiento.
¿A qué estábamos habituados? Vamos a refrescar la mente: estábamos habituados a la queja, al chisme; éramos unos criticones; todo lo veíamos mal; habituados a la sensualidad; vivíamos en el resentimiento; habituados a la vulgaridad; codiciosos; nos habituamos a pensar que todo iba a salir mal; nos habituamos a vivir a la defensiva; habituados a la impaciencia, habituados a vivir ofendidos; habituados a la irresponsabilidad, al desorden; habituados a hablar impulsivamente; habituados a no escuchar, habituados a pensar que siempre tenemos la razón.
En conclusión, vivíamos en nuestro mini mundo, en donde creíamos que todo eso estaba bien… por años. Construimos nuestro mini mundo en el que las cosas debían hacerse a mi manera. Pero la Biblia nos llama a desmantelar toda esa manera de pensar y actuar.
Viste todo lo que te mencioné, ¿crees que algún ser humano pueda cambiar todo eso en una sola vida? En conclusión, estábamos habituados para el mal. En 2 Pedro 2:14 dice: “…tienen el corazón habituado a la codicia…”.
¿Usted cree que todo eso que mencioné se puede cambiar solo viniendo a la iglesia el domingo, sin abrir la Biblia, sin orar, sin meditar, sin el poder del Espíritu Santo?
Veníamos arrastrando un sinnúmero de malos hábitos. Mira, para cambiar todo eso tiene que venir la revelación del Espíritu y traer convicción de maldad.
Dice: “Que está viciado”. Esa palabra significa que está corrompido o deteriorándose constantemente. Quiere decir que la corrupción del hombre no es algo estático… sigue avanzando si se le sigue dando cuerda. La corrupción a causa del pecado sigue un círculo vicioso imparable.
Dice: “Conforme a los deseos engañosos” habla de deseos que engañan o deseos basados en mentira. Todos tenemos anhelos o deseos, pero hay que pasarlos por el filtro de Dios. Dice la Escritura: “Deléitate en el Señor y Él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4). Los deseos engañosos son los deseos que te hacen creer algo falso. El hijo pródigo estaba impulsado por los deseos engañosos. Lucas 15:12: “Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde…”.
Algunos de los deseos engañosos son: “Esto me hará feliz”, y cuando se obtiene, viene el sentimiento de “eso no era lo que yo esperaba”. Deseos engañosos: voy a robar o mentir y nadie se dará cuenta.
El deseo engañoso aparece por primera vez en el Edén: “no vamos a morir” y “vamos a ser como Dios”. Los deseos engañosos prometen vida, pero producen muerte. Prometen libertad, pero terminan esclavizando. Dice en 1 Corintios 6:12: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen… mas yo no me dejaré dominar de ninguna”
El viejo hombre está ahí con todo su potencial, y la Biblia dice que el corazón es engañoso (Jeremías 17:9).
Y dice: “Renovaos en el espíritu de vuestra mente”. Esto habla de un cambio de mentalidad. Como dice Romanos 12:2, debemos transformar nuestro entendimiento.
La gente piensa que la vida de fe se trata de dejar algo por esfuerzo propio. “Ah, estoy viniendo a la iglesia y debo hacer un esfuerzo humano. Es cambiar de mentalidad para que sea Dios quien te muestre qué es lo que no te conviene.
y Dice ; “Vestíos del nuevo hombre”. Así como nos quitamos las vestiduras fermentadas, debemos ponernos las ropas nuevas de santidad. Una nueva naturaleza es una vida que se caracteriza por la justicia, la santidad y la verdad. El creyente debe vivir de acuerdo con su nueva posición en Cristo. No podemos vivir la vida cristiana con la naturaleza vieja dominándonos.
