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I Tesalonicenses 5:17-18
Orad sin cesar.
Este pasaje no se refiere a un constante repetir de las mismas oraciones, eso lo enseñó el Señor Jesús. Versículo Mt. 6:7.
Si alguien dice que le es difícil separar un tiempo para orar, este versículo nos llama a separar toda nuestra vida para orar.
Orad continuamente. Este es el nivel más alto de conciencia cuando hablamos sobre orar.
Es cuando ya no nos detenemos a pensar: “Oye, tengo tiempo que no oro”, sino que automáticamente llevamos a Dios cada detalle de nuestra vida. En este nivel hemos aprendido a tomarlo en cuenta en cada área de nuestra vida. Dependencia al más alto nivel.
Alguien podría decir: “Oro 1 hora”, pero cuando salgo de ahí pierdo contacto con la dirección divina.
Esta exhortación plantea el mejor caso en cuanto a la oración. Y el peor de los casos es estar conscientes de que necesitamos orar y no lo hacemos. Se decide orar esporádicamente y en los momentos de dificultad para pedir la intervención de Dios. Eso sería algo como ir por la vida apagando fuegos. Y Oramos cuando tenemos el rancho ardiendo, cuando llega una enfermedad, una crisis o una emergencia.
En Getsemaní Cristo estaba habituando a sus discípulos a orar y, en el momento oportuno, se quedaron dormidos. Mc. 14:33 al 38. ¿Tú te has quedado dormido orando la Biblia o leyendo?
El apóstol Pablo nos dice: oren en todo momento. Si queremos crecer, tenemos que hacer de esto un hábito en nuestras vidas.
La mayoría de nosotros pasamos buena parte del día hablando con nosotros mismos. Alguien nos reprende y enseguida nos preguntamos: “¿Y yo qué le voy a responder a este?”. Comenzamos a preparar nuestra respuesta, muchas veces sin ningún filtro. Como creyentes deberíamos cambiar esa conversación. En lugar de preguntarte a ti mismo: “¿Qué le voy a responder?”, pregúntale a Dios: “Señor, ¿Qué quieres que yo responda?”.
No se trata de dejar de pensar, sino de comenzar a llevar nuestros pensamientos primero a Dios. 2 Co. 10:5: “Llevando cautivo todo pensamiento”, dice todo, no algunos.
Un versículo que encaja es: “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” — Proverbios 3:6
Podemos hablar con Dios en todo momento. Y al hacerlo, comenzamos a preguntarnos:
¿Qué quiere Dios que haga en esta situación? ¿Qué dice su Palabra? ¿Cómo debería reaccionar en esta situación según las Escrituras?
La oración para el creyente tiene que ser como hablar con un amigo íntimo, en quien confías. ¿Qué haces apenas lo ves? Le cuentas toda tu vida desde la última vez que se vieron.
Salmo 42:2: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”
Si fuimos criados sin hablar mucho con nuestros padres ni con nadie, y aprendimos a guardarnos las cosas y a no contar lo que nos pasaba, nos convertimos y seguimos con el mismo patrón. Por eso Romanos 12: 2 dice que debo transformar mi forma de pensar…
Otra cosa que nos metieron en la cabeza es que el énfasis de la oración es pedir solo cosas materiales. Como consecuencia, ¿nadie está pidiendo sabiduría para poder enfrentar las dificultades?
Mira, Dios ya sabe lo que nos pasa, conoce nuestras necesidades, miedos, pero aun así quiere que se las contemos.
Cuando oramos en todo momento comenzamos a crear el hábito de depender de Dios en cada cosa. Dios es tomado en cuenta en cada asunto. Este nivel de oración es el antídoto contra el miedo, estrés, ansiedad. Dice en Santiago 5:13: “Si alguno está afligido…”
Veamos algunas cosas que impiden que nuestra oración sea eficaz. La primera es que tenemos que acercarnos confiadamente. Hebreos 4:16.
Hablamos del amigo al que le tienes mucha confianza, al que le expresas todo de tu vida cuando lo ves. Te hago una pregunta: ¿te acercarías a él con confianza si sabes que lo defraudaste? Nuestro pecado impide que nos acerquemos confiadamente.
Pero para entrar confiadamente tenemos que limpiarnos de toda maldad.
La Biblia dice que Dios no escucha a los pecadores.
