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Lucas 23: 26-49. La Crucifixión.

Fe y ConfianzaPor Héctor Cruz7, Apr 2026
Lucas 23: 26-49.  La Crucifixión.

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Lucas 23: 26-49.

La Crucifixión.

Quiero que revisemos primeramente el versículo 26, que dice: “le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”.

Lo pusieron a cargar la cruz sin previo aviso. No era: “si quieres cooperar, toma la cruz y avanza”.

Los soldados entendieron que Jesús no iba a poder subir la colina del monte Calvario llevando la cruz.

La distancia aproximada desde el lugar donde Simón de Cirene comenzó a cargar la cruz hasta el punto de la crucifixión es de unos 800 metros, y el peso del madero era aproximadamente de 100 libras. Ese kilómetro pudiera compararse con la distancia entre la entrada de Tinajitas, cuando vienes por Transístmica, hasta la escuela de San Martín.

El madero del que estamos hablando era más grande que el madero de 4x4 que conocemos. Ese madero de 100 libras estaba diseñado por las mentes más crueles del Imperio romano para ir matándote poco a poco en el camino.

Y el proceso de ejecución comenzaba con una flagelación, utilizando un conjunto de látigos con múltiples correas de cuero, cada una con incrustaciones de trozos de hueso, metal afilado y bolas de plomo.

La crucifixión es una de las formas de ejecución pública más crueles que ha existido, si se evalúa el sufrimiento físico, la duración prolongada del sufrimiento, la exposición pública y el trauma psicológico para todos los involucrados.

No era común que a un condenado a muerte le ayudaran a cargar la cruz, pero Simón terminó cargándola.

Él pensó que no tenía nada que ver con esa cruz, pero él, como nosotros, era en realidad responsable del espectáculo más cruel de todos los tiempos. Pero ese encuentro "casual" transformó a su familia, y hay razones para creer que el mismo Simón llegó a ser creyente y pudo comprender lo que realmente significa tomar la cruz y seguir a Jesús (Lucas 9:23).

Sabemos por las Escrituras que sus hijos se convirtieron en líderes entre los primeros cristianos (Marcos 15:21 y Romanos 16:13).

Como creyentes, tenemos que tomar la cruz y seguir a Jesús para ir a morir juntamente con Él (Gálatas 2:20).

Simón llevó la cruz, pero luego la dejó, y ahí fue donde comenzó el verdadero castigo para Cristo. Isaías 53:5: “el castigo de nuestra paz fue sobre Él”.

“Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén…” Estas mujeres lloraban desconsoladas, preguntándose cómo su Señor pudo terminar así. En su dolor, ellas lo veían como una víctima más del sistema: juzgado injustamente y humillado públicamente.

Ellas no entendieron que Cristo no era otra víctima del sistema. Cristo es el Cordero, el Hijo de Dios que voluntariamente entregaba su vida con el propósito de salvar al hombre (Juan 10:17-18: “nadie me la quita…”).

Así que Cristo les dijo: mujeres, guarden sus lágrimas, porque va a venir un tiempo de tribulación tan difícil que no será motivo de alegría tener hijos.

“Y Jesús decía: Padre, perdónalos…”

Algunos asistentes le escupían; era escarnecido, como dice el Salmo 22:6-8. Pero aun así, Él estaba intercediendo por esos pecadores y por los que vendrían.

Este versículo no solo muestra el amor de Jesús, también nos muestra su misión. No vino a condenar al mundo, sino a salvarlo (Juan 3:17). La cruz no es solo justicia divina, sino misericordia al máximo nivel.

Es justicia divina porque alguien tenía que pagar por el pecado del hombre; y es misericordia al máximo nivel porque no hay pecado tan grande que no pueda ser cubierto por ese: “Padre, perdónalos”.

Vemos que uno de los malhechores que estaban a su lado se unió a la multitud para burlarse de Jesús. Este hombre ilustra la maldad en su máxima expresión: te estás muriendo y aun así usas tus últimas palabras para escarnecer.

Pero vemos al otro crucificado que pudo entender que esa cruz era en realidad un altar de sacrificio, donde estaba el justo muriendo por los injustos (Isaías 53:10).

“Y el velo del templo se rasgó…” En el Antiguo Testamento, el velo del templo separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo, donde solo el sumo sacerdote podía entrar una vez al año.

Con su muerte, Jesús abrió el acceso directo a la presencia de Dios para todos los creyentes.

Ya no se necesitan sacerdotes humanos; Cristo es nuestro mediador eterno. Hebreos 10:19-20. En esta dispensación, el creyente tiene acceso continuo al Padre. No necesitamos méritos, solo fe en la sangre derramada.

Cuando Jesús clamó a gran voz, Juan 19:30 dijo: “Consumado es”, que en griego (tetelestai) significa: “pagado por completo”. Todo fue pagado en la cruz del calvario.