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Un gozo diferente.
ROMANOS 12:12-14
Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.
Quiero compartir con ustedes algunos puntos acerca de estos versículos.
1. Gozosos en la esperanza y sufridos en la tribulación.
El gozo en la esperanza no es un simple optimismo de que las cosas van a mejorar algún día. El gozo del creyente no depende de las circunstancias externas, sino de conocer y confiar en la fidelidad de Dios. El gozo es la evidencia de una vida que descansa en las promesas divinas. Es la convicción que tenemos de saber que Dios tiene el control, incluso cuando la realidad parece contradecirlo.
Este versículo no significa ignorar el dolor, sino vivir con la certeza de que los planes de Dios son perfectos, y esto trae gozo y paz. Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, ve los problemas como una leve tribulación: “Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.” 2 Corintios 4:17
La palabra griega para “esperanza” (elpis) no significa “algo incierto en el futuro” o algo desdibujado —como cuando yo, que soy miope, me quito los lentes—, sino que está relacionada con una esperanza segura.
¿Qué es lo que la mayoría de la gente quiere en el futuro? Seguridad, ¿sí o no?
La esperanza del cristiano es una expectativa del bien que va a venir.
Has escuchado esas voces optimistas que dicen: “lo mejor está por venir”, como para tratar de inyectar un poco de esperanza a un mundo desesperanzado. El creyente, en cambio, sí puede tener una confianza real de que lo mejor está por venir, como nos enseña Romanos 8:28 : “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
Lo segundo:
2. Sufridos en la tribulación,
Ser sufridos en la tribulación no significa resignarse pasivamente al dolor, sino mantener una actitud de confianza en Dios. Es decidir confiar en Dios cuando todo parece estar en nuestra contra. En este mundo caído, todos sin excepción van a experimentar el sufrimiento, pero no todos van a entender que en el sufrimiento y la aflicción podemos experimentar el consuelo de Dios. Es en la tribulación cuando más podemos crecer en la fe o venirnos abajo; es ahí donde podemos depender de Dios.
Lo tercero:
3. Constantes en la oración
La constancia en la oración fortalece nuestra comunión con Dios y nos permite mantenernos centrados en Su voluntad. El objetivo del creyente debe ser tener una vida activa de oración. La oración es como el oxígeno para el creyente. Dice la escritura: “Orad sin cesar.”
1 Tesalonicenses 5:17
Decía un reconocido cristiano: “Tengo tanto que hacer hoy que pasaré las primeras tres horas en oración.” Esta persona entendía que la oración no es una pérdida de tiempo en nuestra agenda, sino que es la que impulsa y da forma a nuestra agenda. Cuando oramos, ganamos enfoque para decidir a qué le vamos a invertir tiempo y a qué no.
¿Cuáles son algunas de las barreras que ponemos para no orar?
“No hay tiempo para orar porque me tengo que poner en acción”, “el tiempo vuela”, “yo oro y nada pasa”… ¿Cuál es tu excusa para no orar?
Si nos mantenemos orando, Dios va a abrir o cerrar puertas, o mostrar otras posibles puertas. La oración nos da claridad y enfoque. No deberíamos verla como un simple evento al que acudimos de vez en cuando o solo cuando estamos en aprietos. Tenemos que habituarnos a orar; “orad sin cesar” debe ser el desafío en nuestras vidas. La clave es construir el hábito de la oración. Dicen que: “No decidimos nuestro futuro, pero sí decidimos nuestros hábitos, y nuestros hábitos deciden nuestro futuro.”
Si estamos orando continuamente de acuerdo al corazón de Dios, ¿qué crees que va a comenzar a suceder en tu vida? Observa lo que dice Lucas 18:7–8.
¿Estás habituado a orar, o eres de los que ora eventualmente?
Lo cuarto:
4. Compartiendo para las necesidades de los santos
El amor se evidencia en acciones. Compartir no es solo dar cuando estamos llenos o dar de lo que nos sobra. En la practica estamos hablando de apoyar a los hermanos necesitados y hacerlo con buena actitud. Dice la Biblia: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” 2 Corintios 9:7
Lo quinto:
5. Bendecid a los que os persiguen
Esto es un cambio radical de mentalidad. Se trata de retornar bien por mal. Dice la Escritura:
“No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.”
El llamado es a bendecir a quienes nos han dañado. Esto derrumba la lógica del mundo que dice “palo pa’l enemigo”.
Significa bendecirlos, orar por ellos y no desearles mal. Jesús perdonó a Sus enemigos en la cruz, vemos en Lucas 23:34 a Jesús diciendo: “Padre, perdónalos…”
La Escritura también enseña: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen.” Mateo 5:44
Bendecir a nuestros perseguidores demuestra que hemos sido transformados. Es una señal de madurez espiritual no tomar venganza y dejar la justicia en manos de Dios.
Lo sexto:
6. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran
Este principio nos llama a identificarnos con otros cuando fracasan o cuando les pasan cosas buenas. Va más allá de la simple empatía. La empatía es ponerse en el lugar del otro para entender cómo se siente o lo que está viviendo. Pero la Biblia dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No dice solo “entenderás”, sino amarás, y amar va más allá.
Vivimos en una sociedad que dice que no hay lugar para la debilidad ni para mostrarse vulnerable, y que todos debemos ser fuertes. Lo cierto es que muchos que pregonan esa fortaleza, cuando son golpeados, no logran levantarse ni saben a quién acudir. Se glorifica la fortaleza externa, la autosuficiencia y el éxito visible, pero se desprecia la vulnerabilidad.
Como creyentes, nos alegramos con otros cuando les va bien, sin envidia, y lloramos con ellos cuando sufren. Eso requiere compasión.
