Este recurso cuenta con audio
Sabios en vuestra propia opinión.
Romanos 12:16
Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.
La sabiduría comienza cuando dejamos de hablar tanto, comenzamos a escuchar con humildad y obedecemos el consejo bíblico. En la Biblia están contenidos tanto los éxitos como los fracasos de los hombres que sirvieron a Dios. Dicen que si olvidamos el pasado estamos condenados a repetirlo. La pregunta es: ¿Qué nos hace pensar que tendremos éxito donde ellos fracasaron por seguir su propio consejo? ¿Y por qué fracasaron esos hombres y mujeres? Fracasaron cuando confiaron más en su propio razonamiento que en el consejo de Dios.
Un claro ejemplo es el rey David, quien, a pesar de ser un hombre conforme al corazón de Dios, cayó al cometer adulterio con Betsabé y luego organizó la muerte de su esposo, Urías. En la reprensión que el profeta Natán le hace a David, este le revela la raíz de su pecado y posterior fracaso: ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos?” (2 Samuel 12:9).
La raíz de su fracaso fue tener en poco la palabra de Jehová. Así como David fracasó al dejar de tomar en cuenta a Dios, también nosotros estamos destinados a caer si actuamos guiados por nuestras propias ideas, sin buscar la dirección de Dios. Comenzamos a desmantelarnos en el momento en que la Palabra de Dios deja de resonar en nuestra mente y comienzan a prevalecer nuestras ideas y pensamientos.
Cuando me convertí, conocí a una creyente madura que me decía que no dejaba de leer la Biblia hasta que esta la quebrantara.
Alguien me dirá: “Mira, Héctor, yo voy andando sin considerar el consejo bíblico y no veo que mi vida se esté desmoronando”. Tarde o temprano te vas a desmoronar.
Mira lo que dice Mateo 7:26: “Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena”.
También vemos en Isaías 55:8-9 que dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”.
Esto es lo que Dios dice y lo que yo creo, o aprendí, o me enseñaron desde niño. No se puede avanzar en una vida de gozo y paz aplicando nuestra sabiduría humana. Mira lo que dice Proverbios 14:12: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”.
En este libro está contenida la sabiduría de Dios, lo bueno de Dios y lo malo del hombre, lo que nos puede ayudar a avanzar y lo que nos puede poner en el camino de la muerte. Yo he enseñado por mucho tiempo que hay que tener cuidado cuando comenzamos a afirmar algo con vehemencia, como si tuviéramos la verdad absoluta, para después darnos cuenta de que estábamos equivocados en nuestra afirmación.
Ese sentimiento es parecido a cuando entras confiado en una calle y te sientes bien, pero, pasados algunos minutos, comienzas a notar algo raro. Ves que todos los carros están estacionados en un mismo sentido y, de golpe, te das cuenta de que viene un carro en vía contraria.
Mira lo que dice Proverbios 26:12: “¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él”.
Muchos viven engañados, pensando que tienen todas las respuestas para vivir en medio de este mundo, como si tuvieran su propio librito del éxito que no toma en cuenta a Dios.
Los sabios de este mundo, los que están influenciando a la mayoría, son vendedores de humo, vendiendo algo que ni a ellos les ha resultado.
Las decisiones se toman rápidamente, emocionados y de forma automática, en vez de hacerlo de forma lenta y racional. Proverbios 21:5: “Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza”.
Pensar que somos autosuficientes cuando se trata de tomar decisiones es el camino seguro al despeñadero. Reconocer que necesitamos la dirección de Dios es el principio de toda sabiduría.
Quien confía en su propio intelecto y no en Dios es como quien navega en mar abierto con un mapa incompleto. Tarde o temprano terminará perdido, llegando a un lugar que nunca planeó y pensando: “Esto no era lo que yo quería para mí”.
Es como Cristóbal Colón: partió creyendo que conocía una ruta para llegar a las Indias Orientales, pero su mapa estaba incompleto. Pensó que había llegado a las Indias cuando en realidad estaba completamente perdido; llegó a un continente que no conocía. Es triste esta historia. ¿Sabes cuándo Colón se enteró de que su mapa era incorrecto e incompleto? Nunca. Murió creyendo que había llegado a Asia, cuando en realidad había descubierto un continente totalmente nuevo.
Proverbios 14:12: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”.
Es trágico vivir toda una vida convencido de que vas por buen camino y darte cuenta —demasiado tarde— de que estabas perdido. La vida de fe no consiste en avanzar según nuestras propias ideas, suposiciones o lo que mejor nos parece y allá vamos. No estamos llamados a caminar a ciegas, confiando en nuestro criterio, cuando tenemos acceso a la sabiduría de Dios; no tenemos por qué errar el camino.
Observa lo que dice Isaías 30:21: “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda”.
Hay todo tipo de sabiduría humana que se absorbe fácilmente, pero ¿por qué cuesta aplicar esta palabra que ha sido validada por tantas generaciones?
El síndrome de Dunning-Kruger describe a personas con poco conocimiento que creen saber más que los demás. Incluso en una discusión pueden hablar con tanta seguridad que terminan confundiendo al que realmente tiene más conocimiento. De manera similar, si no conocemos nuestra Biblia y no la creemos, el mundano, con su seguridad, te va a hacer dudar.
Nadie puede permanecer en el camino de la vida bajo sus propios términos. Cristo dijo: “Separado de mí nada podéis hacer”.
