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Santiago 3: 1-8— Refrenando la lengua.
Santiago nos habla del pequeño músculo llamado la lengua. La lengua está guardadita ahí para que nos cueste accionarla. Algunos estudios dicen que intervienen alrededor de 70 músculos para producir un lenguaje hablado de manera normal. Estamos hablando de toda la movilización que se produce para mover esa lengua que pesa apenas un cuarto de libra. Ahora hablemos del tiempo desde que el cerebro manda la señal para que se emitan sonidos. Eso se produce en aproximadamente 200 milisegundos… casi nada.
Nuestras palabras pueden salir en pocos segundos, y sus efectos pueden ser beneficiosos o devastadores, y pueden perdurar por años.
Es una pequeña parte del cuerpo que podría ser la encargada de repartir tanto bendición como maldición. La lengua puede ser como una medicina: usada en la dosis correcta puede sanar, pero mal utilizada puede acabar con alguien. Proverbios 16:24.
Santiago presenta la lengua como un termómetro espiritual, ya que la manera en que hablamos revela lo que llevamos dentro.
Santiago 3:2 “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.”
La realidad del caso es que, cuando se trata de comunicarnos con otros, todos hemos ofendido. Y muchas veces ofendemos y no nos damos cuenta; y después estamos pensando: “¿Qué le pasó a sultanito que no me habla?”
Ningún hombre tiene la lengua 100% domada. Todos, en algún momento, hemos hablado sin pensar y hemos ofendido. Todos, en algún momento, hemos soltado palabras hirientes o respondido de una manera que después nos deja pensando: “¿Por qué dije eso?” Y las palabras que pronunciamos no son como un mensaje de WhatsApp que después podemos eliminar.
Ahora, esto no es para quedarnos tirados en el piso con un sentimiento de tristeza, como si no pudiéramos hacer nada con la lengua indomable. Es para que estemos conscientes de que este pequeño músculo, si se controla, puede llevarnos a vivir una vida de gozo y paz en el Señor; o puede llevarnos a que nuestra vida sea una tragedia.
Nos enseña que, si podemos refrenarla, podemos controlar todo el cuerpo.
Si controlamos la lengua, tendremos control de hacia dónde nos dirigimos. La lengua de algunos es la viva representación de un carrito loco.
“Nuestra fe nunca mostrará un nivel más alto que nuestras palabras.”
¿Qué quiere decir esto? Que nuestras palabras van de la mano con nuestra fe.
Nuestras palabras se pueden convertir en un tope para nuestro crecimiento espiritual y para nuestra vida. Nuestra lengua nos puede limitar o impulsar.
Podemos ver como la prudencia de las palabras llevo a David a la corte real. 1 Samuel 16:18. “Conozco a un hijo de Isaí… prudente en sus palabras.”
Proverbios 10:19 “En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente.”
Una de las señales más claras de madurez espiritual no es cuánto sabemos de la Biblia, sino cuánto control tenemos sobre nuestra lengua.
Pedro era muy rápido hablando. En una ocasión vio a Jesús caminando sobre el agua y exclamó: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas”, y allá vamos… después estaba clamando por auxilio.
En otra ocasión, cuando Jesús anunció que sufriría y moriría, Pedro reaccionó diciendo: “¡Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca!”
Durante el lavado de los pies a los discípulos declaró: “¡Jamás me lavarás los pies!”
Y antes de la crucifixión afirmó con seguridad: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”; pero horas más tarde terminó negando a Jesús tres veces.
Pero Pedro nunca más fue así. Mire, no se entristezca si está atascado con la lengua indomable. No se aflija si la lengua no le deja avanzar en la vida de fe.
Como dicen algunos oradores motivacionales: “Si yo pude, tú también puedes”. Eso es pura palabrerías. Lo que sí es cierto es que, si Pedro pudo, usted y yo también podemos. Tenemos el mismo Espíritu Santo que tenía Pedro, y Él Espíritu Santo sí nos puede ayudar a controlar la lengua.
Santiago 3:3-4. Santiago compara la lengua con el freno en la boca de un caballo o el timón de un barco. Cómo algo tan pequeño puede dirigir nuestro futuro. Un caballo puede pesar una tonelada y aun así es dirigido por una pequeña pieza que se le pone en la boca. Así también nuestra lengua puede dirigir el rumbo de nuestras vidas.
Este pasaje nos enseña que la lengua puede encender un incendio imposible de controlar.
En 1969, en un partido de fútbol entre Honduras y El Salvador, comenzaron los insultos en medio del partido, y eso terminó en un conflicto armado que duró 4 días. Murieron más de 2,000 personas. Todo comenzó con palabras que alimentaron la ira… y allá vamos.
Santiago no solo habla del poder de la lengua, sino de la necesidad de controlarla.
Porque así como el caballo necesita un freno y el barco necesita un timón, nuestra lengua necesita que Dios la gobierne.
José habló sabiamente delante de Faraón en Egipto. Sus palabras llenas de sabiduría cambiaron su estatus social, de ser un prisionero a gobernador.
¿Cree usted que hablar con sabiduría puede cambiar el rumbo de su vida y abrirle nuevas posibilidades? ¿Sí o no?
Proverbios 18:20-21.
Muchas iglesias, matrimonios y amistades no fueron destruidos por grandes pecados visibles, sino por palabras descontroladas que salieron al calor del momento.
Santiago 3:7-8 “Pero ningún hombre puede domar la lengua…”
Santiago enseña que el ser humano, por sí solo, no puede controlar la lengua indomable. Se necesita la obra del Espíritu Santo.
