Volver a Recursos

Santiago 3:5-12. El poder de la Lengua.

Sabiduría para la vida diariaPor Héctor Cruz12, Jun 2026
Santiago 3:5-12.  El poder de la Lengua.

Este recurso cuenta con audio

El poder de la Lengua.

Santiago 3: 5-12

La lengua es un pequeño miembro y dice el pasaje: “¡Cómo le gusta jactarse!”.

La lengua es como el 0.1 % del peso de nuestro cuerpo (casi nada) y es la que nos mete en problemas. Ese miembro que es el 0.1 % puede usarse para movilizar algo grande o para destruir a las personas.

Si usted ve a la gente amargada, desanimada, sin propósito, sin entusiasmo, acomplejada o con baja autoestima, una de las responsables de todo esto fue seguramente la lengua.

Se jacta de grandes cosas. Algunas veces, cuando soltamos la lengua, nuestro ego se va inflando como si fuera un globo (nos vamos agrandando) ¿y eso qué produce en nosotros? Una gratificación inmediata. Pablo en 1 Co. 4:18 les dice a los de Corinto, que eran bien sueltos de lengua, ¿ porque estaban envanecidos?. Y esa palabra "envanecidos" está relacionada con estar exaltados, soplados. Si usted me dice que nunca agrandó unas palabras para llamar la atención, está mintiendo.

La lengua se jacta de sus grandes logros, de sus logros pasados y de lo que va a lograr; se jacta de que tiene dinero o tenía dinero, de sus grandes puestos, de sus muchos títulos.

Sobre esto de la lengua que se jacta, Dios nos advierte en Jeremías 9:23-24: "No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas; mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme..." Y en 1 Co. 1:31: "...el que se gloríe, gloríese en el Señor".

La lengua se jacta de lo que posee o poseía, o de lo que dice que va a poseer; Dios nos dice que lo único en que deberíamos gloriarnos es en conocerle a Él. Eso es lo único que tiene trascendencia en esta vida.

Y lo más triste de todo esto es que se quiere venir con la misma actitud a la iglesia: "yo sé más versículos que tú", "soy más listo que tú", "tengo mas dinero que tu", y en base a eso se crean categorías sociales dentro de las iglesias. ¿Quién se encargó de todo esto? La lengua.

Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. La lengua puede contaminar o bendecir nuestro entorno y ya eso lo hemos visto: que nosotros también somos contaminados por nuestras palabras.

Estamos tirando veneno y pensamos que esa maldad no nos va a alcanzar. Ese es un comportamiento masoquista: le gusta el sufrimiento, lanza palabras sabiendo que después te van a venir con un para atrás mortífero. ¿Cómo es que dicen? El que dice lo que no debe escucha lo que no quiere... Pr. 13:3.

Si no controlamos la lengua, nuestra casa va a arder, la iglesia, tu trabajo. Dice la Biblia: todo lo que el hombre sembrare, eso segará.

Antes de soltar esa lengua, conviene preguntarnos: ¿A quién sirve lo que voy a decir?

¿Esto que voy a decir es impulsado por mi gran ego, o es una palabra de sabiduría, sazonada? ¿Esto que voy a decir es un ataque de ira momentáneo?

Dice : “¡Cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!”

Para que exista un fuego se necesitan tres elementos, y van en esa secuencia. Primero necesitamos una chispa; luego, oxígeno (eso es muy fácil porque en la atmósfera de la tierra hay bastante oxígeno); y lo tercero que propaga el fuego es que haya material combustible (algo que pueda arder): madera, papel, hierba, etc. Si falta cualquiera de estos tres elementos, no puede haber fuego, no se puede dar. Hasta ahí llegó.

Las palabras son como una chispa y, cuando las escuchamos, tenemos que decidir si le vamos a dar oxígeno o no. Tenemos que decidir si le vamos a dar vida a esas palabras incendiarias.

Eso está en nuestro poder.

Cuando alimentamos el chisme o respondemos mal, le estamos dando oxígeno a esas palabras, estamos avivando el fuego y nos convertimos en unos instrumentos de maldad.

La forma más rápida de apagar un incendio verbal es dejarlo sin oxígeno, es dejar de darle vida. No podemos evitar que alguien tire la chispa incendiaria, pero sí podemos evitar darle vida y evitar que se expanda. “Una pequeña llama puede incendiar un bosque entero.”

Muchas iglesias, matrimonios y amistades no fueron destruidos por grandes pecados visibles, sino por palabras descontroladas que salieron al calor del momento.

Santiago 3:7-8 “Pero ningún hombre puede domar la lengua…”

El hombre ha logrado domesticar animales salvajes. Hay estrategias para domar serpientes, leones, tigres, elefantes, caballos, delfines, águilas, halcones, osos, orcas y focas. Usted ha visto perros bravos que los pasean en conjunto con otros perros y andan tranquilitos; no sé qué les harán o dirán.

El hombre ha logrado domar a todas estas bestias por medio de su inteligencia.

Hemos sido dotados con una mente que piensa, que no tiene ningún animal; esa mente que puede razonar, esa mente que puede recibir la revelación de parte de Dios.

Tenemos la mente que piensa: "Oye, me fue mal la última vez que abrí la boca, tengo que mejorar eso". Eso no lo puede hacer ninguno de estos animales.

Pero el hombre por sí mismo no puede dominar la lengua que está dentro de su propia boca y a unos centímetros de su cerebro pensante. La solución a esta gran dificultad es poner la lengua bajo el control del Espíritu Santo.

La escritura dice; que si uno habla, hable conforme a las palabras de Dios.

Muchos intentan mejorar sus palabras solo con autocontrol; eso puede funcionar por un poco de tiempo, pero no a largo plazo. Pero cuando están bajo presión, están molestos, tienen hambre, están irritados o no se cumplieron sus expectativas, sueltan lo que sea.

No vamos a poder experimentar la paz y el gozo de Dios si no controlamos nuestra lengua.

Antes de sacar esa lengua de la cartuchera: debemos orar, guardar silencio unos segundos y preguntarnos si lo que vamos a decir edifica. Eso sería una aplicación para este mensaje.

Santiago 3:9-10 “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres…” Santiago nos dice: cantamos a Dios, pero después hablamos destruyendo a las personas hechas a imagen de Dios.

“Es imposible que una fuente produzca a la vez agua dulce y amarga.” Usted ha visto hermanos hablando palabras obscenas como si nada.

1 Juan 4:20, donde el apóstol enseña que quien dice amar a Dios pero aborrece a su hermano, miente.

Por eso Salmos 141:3 dice:

“Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios.”